miércoles, 29 de junio de 2011

Los festivales salvan el negocio musical


Y mientras Glastonbury se efectuaba en Inglaterra, El País de España se refería acerca del desplome en la venta de discos, obliga al sector a volcarse en las actuaciones en directo.


Antaño los músicos publicaban discos y recorrían platós de televisión promocionándolos. Y luego vendían. Incluso había decenas de superventas. Pero eso ya pasó a la historia. En un desplome que todavía no ve el fin, la industria musical española acumula una bajada de ventas del 80% desde 2001, según la Federación Internacional de Industria Discográfica. Una década después, la única salida que el sector ha hallado es la fórmula 360 grados. Es decir, hacer de todo y, en especial, volcarse en los orígenes: la música en vivo.

España ha logrado en los últimos años ir llenando el calendario de festivales. Entre 2007 y 2008 incluso lo inundó, en una suerte de burbuja musical que acabó estallando y que, según algunos promotores, llegó a poner en peligro la supervivencia del resto de festivales. Sin embargo, hoy muchos de ellos son referencia dentro de su segmento de mercado: FIB Benicàssim; Sónar y Primavera Sound, en Barcelona; Low Cost, en Benidorm... Y junto a ellos conviven otros mucho más veteranos como el Festival de Jazz de San Sebastián o los festivales del Castell de Peralada y de Jardins de Cap Roig, en Girona.

Y pese al tirón de los festivales, la música en vivo tampoco ha escapado de la crisis y del hundimiento del consumo de los españoles. Las últimas cifras de la Asociación de Promotores Musicales indica que el número de conciertos cayó el 6%, hasta los 130.346; el volumen de espectadores descendió el 8,4%, hasta 31,3 millones, y la facturación bajó hasta alrededor de los 165 millones, el 5,5%. Aun así, este deterioro sigue sin asomarse, ni de lejos, al que experimenta la venta de discos. "Los festivales son una buena fórmula, aunque es cierto que mientras los grandes llenan, los pequeños tienen más dificultades", sostiene el profesor de marketing del ESADE Salva López, que también se dedica a la música.

López coincide en que esa escapada hacia los festivales tiene mucho que ver con el declive de las ventas de las discográficas. "Antes de que estas existieran había una cosa que se llamaba música en directo. Luego vinieron las discográficas y se confundió el negocio de la música con el de los discos. Hoy, con la crisis de ventas, nos hemos acordado de que había algo que se llamaba ¡tocar en directo!", afirma.

No hay un gran estudio todavía sobre esos eventos. Pero los grandes del calendario aguantan. FIB Benicàssim cuenta con un presupuesto de unos 8,5 millones de euros; Primavera Sound, de 6,1 millones, y el Sónar, de algo más de cuatro millones. De esas cantidades, fuentes del sector explican que entre el 30% y el 35% van destinadas a sufragar la producción del festival, mientras que los cachés de los grupos y artistas se llevan entre el 35% y el 40%.

Muchos festivales se nutrieron durante años de los presupuestos municipales. Estos eventos constituían un reclamo turístico para la localidad y todos querían su festival. Eso se acabó. La austeridad manda, y eso ha permitido también reordenar el sector. El director del Primavera Sound, Albert Guijarro, explica que, en su caso, las subvenciones solo suponen el 2,3% del presupuesto. La mayoría de los ingresos proviene de las ventas de entradas y el consumo interno de los asistentes, mientras que alrededor del 20% corresponde a los patrocinadores.

Las ayudas públicas han sido el motivo de agrias polémicas. El pasado enero, el Ayuntamiento de Benidorm reclamaba a la Diputación de Alicante y a la Generalitat el mismo trato para el Low Cost que el FIB Benicàssim, que calculó que recibía en torno a 1,5 millones de euros. Su principal argumento fue el negocio que genera: 4.000 reservas hoteleras y cerca de 10.000 pernoctaciones. Y es que, además de promocionar la ciudad, estos festivales dejan un fuerte impacto económico. La organización del FIB lo sitúa en más de 15 millones de euros, mientras que la consultora Deloitte ha fijado la repercusión del Sónar en Barcelona en 55 millones.

Los festivales también tienen deberes. "Innovar. Algunos lo hacen, como el Sónar, que ha creado el Sónar Kids, para niños. Pero tienen otro reto, el que les supone Internet, para intentar que esa experiencia pueda vivirse a distancia", explica López. Guijarro aún ve mucho recorrido en estas citas. España, dice, ha puesto en el mapa festivales de estilos en los que no es un mercado ni tan solo potencial. "Los grupos que están teniendo éxito son minoritarios. Pero lo son en muchos países, lo que les crea un mercado. Aquí habría espacio para un festival gótico o uno de música japonesa mezclada con el manga", afirma.

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